MONTAÑISMO

Los orígenes del montañismo vízcaíno hay que situarlos en 1870, cuando un grupo de pioneros bilbaínos comenzó a realizar excursiones a distintos montes de la provincia. Se autodenominaron los "ganekogortos" en honor del monte más emblemático de los que rodean la capital vizcaina y sin duda uno de sus habituales objetivos. Empresarios, políticos y en general gente pudiente, repitiendo la tradición de los orígenes del montañismo en otros lugares del mundo, mantuvieron esporádicamente esa afición a ir al monte. Así, la primera noticia publicada en prensa sobre montañismo data de 1876 y relata una ascensión al Gorbeia de tres ilustres de la sociedad de la época: Martín de Zabala, diputado, Manuel Sánchez Guardamino, ex diputado y ex senador, y Camilo de Villabaso, ex diputado y secretario del Ayuntamiento de Bilbao. La noticia, por cierto, relataba una ascensión, desde Artea, en la que no faltó ni 'peones', ni sacerdote ni médico...

Pero el montañismo no se instala en Bilbao como práctica generalizada hasta la primera década del siglo XX, cumpliendo la necesidad de oxigenación de una población bilbaina inmersa en plena revolución industrial. Como otras tantas modalidades deportivas de aquellos años, tiene en el Club Deportivo su máximo precursor y su primer exponente competitivo es la Copa Pagasarri, cuya primera edición data de 1912 y duró tres ediciones. Fue en 1914 cuando los montañeros del Club Deportivo, capitaneados por Antonio Bandrés en su condición de presidente de la sección de montaña del club, dieron un salto cualitativo en su actividad y decidieron recorrer montañas diferentes a la del macizo de Ganekogorta creando los concursos montañeros.

No tardaron en prodigar los clubes de montaña, mientras que la Federación Vasca fue creada en 1924. También de esos años datan las primeras escaladas propiamente dichas, al Pico del Fraile (Orduña) o al Diente del Ahorcado (Magdalena), a cargo de Sopeña y Etxebarrieta, respectivamente, sin usar cuerdas ni clavijas, entonces mal vistas. Estos dos escaladores y algunos más, como Goikoetxea y Andrés Espinosa, marcan un nuevo hito para el montañismo vizcaino al ascender el Naranjo de Bulnes a finales de esa misma década, con cuerdas pero sin clavijas. Hasta mediados de los 30 no se usan estos útiles de escalada y sólo para el descenso en rappel. No hay más datos de su utilización hasta los años 40, cuando pioneros como Juan San Martín o Eli Ojanguren imparten el primer cursillo de escalada en Atxarte (1946).

Las actividades y los logros se empiezan a extender e internacionalizar: Pirineos, Alpes, Andes y por fin Himalaya, meca del alpinismo que Andrés Espinosa, en su condición de hombre adelantado a su tiempo había conocido en 1931, tras recorrer los Alpes, el Kilimanjaro y el Sinaí. En 1976, los vizcainos Paco Txabarri y Ernesto Fonquernie alcanzan la cima oeste de Tirich Mir (7.338) en el Karakorum, aunque en el descenso Ernesto pierde la vida. Y en 1980, el ansiado Everest, hollado por Martín Zabaleta el 14 de mayo, como culminación de una expedición vasca en la que figuraron los vizcainos Emilio Hernando y Kike de Pablo. Aunque el techo del mundo aún no ha sido pisado por vizcainos pese a las numerosas expediciones que lo han intentado, las actividades en el Himalaya y los ochomiles comienzan a sucederse a partir de entonces. El primer ocho mil 'vizcaino', el mítico Nanga Parbat, es hollado el 5 de agosto de 1983 por Kike de Pablo y José Luis Zuloaga, probablemente los dos montañeros vizcainos más destacados de esa década y con varios ochomiles a sus espaldas, a los que sucedieron nombres como Juanjo San Sebastián o José Carlos Tamayo, también con media docena de ochomiles entre ambos en sus mochilas.


La Copa Pagasarri fue la semilla de las competiciones de montaña en Bilbao

Copyright © Nemónica Diseño y Comunicación, S.L. Reservados todos los derechos.
info@binforma.com  //  Aviso Legal