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Ruta
3. EL CASCO VIEJO. DEL ARENAL A LA PLAZA NUEVA
El
Casco Viejo ha de ser el punto de partida o de llegada de cualquier
visitante que se acerque a Bilbao. El "chiquiteo" por sus bares
y tabernas, las compras por sus más de 700 comercios y, sobre todo
si se trata de un fin de semana, las copas en cualquiera de los
múltiples bares, pubs y locales alternativos de las siete calles
son algunas de las posibilidades que ofrece la zona más característica
y definitoria de la Villa.
Una
buena manera de comenzar el recorrido es tomando un aperitivo en
el Boulevard, situado en la Calle del Arenal. Se trata un amplio
café fundado en 1881 y decorado en estilo "art déco" que ha sido
escenario de las tertulias a las que concurrieron literatos de la
talla de Miguel de Unamuno u Ortega y Gasset, en cuyo interior se
celebra un certamen de poesía cada semana. Frente al Boulevard nos
encontramos con el Arenal, uno de los principales centros neurálgicos
de la ciudad. En él se colocan cada año los puestos de la tradicional
feria de artesanía en Navidades, del libro antiguo y de ocasión
o de San Blas (hipervínculo que conduzca a la fiesta). Las mañanas
de domingo permiten recorrer tranquilamente el mercado de las flores
que alberga, al tiempo que la Banda Municipal de Música de Bilbao
nos deleita desde un precioso quiosco restaurado recientemente y
situado en mitad de los jardines.
El
Paseo del Arenal se encuentra flanqueado por un lado por el Teatro
Arriaga, uno de los edificios públicos más atractivos de la ciudad
que fue llamado así en honor al compositor bilbaino, Juan Crisóstomo
de Arriaga. Fue diseñado por el arquitecto municipal Joaquín Rucoba
a finales del siglo XIX cuando Bilbao sólo contaba con 50.000 habitantes
y se inauguró el 31 de mayo de 1890 con la representación de la
opera "la Gioconda" de Puccini. Su estilo neobarroco está inspirado
en la Opera de París y tras su restauración en 1987, su interior,
de gran suntuosidad, recuperó la decoración de la época. La fachada
ha sido sometida recientemente a una intensa labor de saneamiento
y restauración que ha logrado devolverle el esplendor de antaño.
Al
otro lado del Arenal, la vista nos lleva a las dos torres gemelas
de la Iglesia de San Nicolás de Bari, erigida en honor a este patrón
marinero. Se levanta sobre los cimientos de un pequeño templo del
siglo XV gravemente afectado por la riada de 1553 y demolido definitivamente
en 1740. La nueva iglesia, diseñada por Ignacio de Ibero y ejecutada
por Juan de Urigüen y Juan Antonio Elguero, se inauguró en 1756.
Durante el siglo XIX el templo actuó como cuartel en tiempos de
guerras napoleónicas, sede de las Juntas Generales tras la paz y
parque de artillería en las Guerras Carlistas. El escudo de la Villa
y el tímpano con relieve en bronce de la fachada se añadieron en
la reinauguración de 1891. Las inundaciones de 1983 le causaron
cuantiosos daños y aunque las aguas alcanzaron una altura de dos
metros y diez centímetros, los retablos lograron salvarse. Su interior
de planta poligonal alberga una importante colección de esculturas
del artista Juan Pascual de Mena.
Frente
al pórtico de San Nicolás se encuentra la primera sede del Banco
de Bilbao. Este edificio fue diseñado por el arquitecto francés
Lavalle e inaugurado en 1868, once años después de la fundación
de la entidad financiera. Hoy, tras su fusión con el Banco de Bizkaia,
el edificio es utilizado principalmente como sala de conferencias
y exposiciones culturales.
Adentrándonos
ya en los muros del Casco Viejo, un punto de reunión y de recomendada
visita es la Plaza Nueva, a la que se puede acceder desde cinco
pequeñas vías situadas en las calles Sombrerería, los Fueros y Correo.
Basado en un plano de Silvestre Pérez, fue el arquitecto Antonio
de Echevarria quien finalizó la obra al más puro estilo neoclásico,
con sesenta y cuatro arcos sostenidos por columnas dóricas.
Bajo
los soportales de esta plaza porticada que data de 1851 se encuentran
numerosos establecimientos hosteleros donde podrán degustar suculentos
"pintxos" (son famosos los del Víctor Montes y los del Café Bilbao)
y platos típicos de la cocina vasca en conocidos locales como el
Víctor o el Fernando.
La
Plaza Nueva adquiere un carácter propio y singular los domingos,
cuando alberga un mercadillo muy variopinto en el que se puede comprar
desde un sello antiguo o un grabado centenario, hasta realizar cambios
de las colecciones de cromos más diversas bajo los soportales.
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